viernes, 25 de julio de 2014

Un papi y su rabitis

Cerdeando por ahí, he encontrado este papi que, no siendo de mi estilo, me da bastante morbo por la actitud en la que ha sido pillado en varias ocasiones.




Se ve que nuestro madurito protagonista de hoy tiene un problema, un problema que yo diría que se trata de rabitis y que consiste en que, cuando llevas poca ropa y estás en sitios públicos, no puedes evitar que se te ponga dura. Como, por ejemplo, al ir las primeras veces a una playa nudista: por mucho que lo intentes, no puedes dejar de pensar que estás en bolas, concentrando inevitablemente tu atención en tu polla desnuda, libre, al aire, siendo vista por todo el mundo, al tiempo que estás contemplando a tu alrededor, cual paraíso de las vergas, todos los rabos habidos y por haber.




Así lo vemos este día, como cualquier otro día conviviendo con su rabitis, en el que trata de apartarse sin éxito de las miradas cuando su polla decide que quiere reventar el bañador.




Lo cierto es que se alegra de haber conocido su miembro, y se lo toca, lo calibra, le propicia caricias consolándolo por no poder en ese preciso instante liberarlo y machacarlo como se merece.





Y es que lo tiene muy gordo y duro bajo la tela áspera del speedo.





Y este otro día podemos contemplarlo mientras se refresca en la ducha.





Aunque teniendo ese problema de rabitis aguda,  más que refrescándose parece estar aprovechado los cómplices chorritos de agua para contentar a su capullo. Que si ahora me lo recoloco, que si ahora hago como que me lo limpio... Pero qué gustirrinín cuando impactan los goterones justo en la piel suave, tersa y turgente de la punta del rabo.




Y se aleja de la ducha sabiéndole a poco.




Y no me pongas esa lengua de cerdo mientras te tocas el paquete, cabronazo; que aunque no seas el papi de mis sueños, te aseguro que podría aliviar tu rabitis en un momento.









viernes, 18 de julio de 2014

Bigotazo

Me chiflan los tíos grandullones, enormes y con una buena franja de pelo sobre el labio.



Me excita enormemente el restriegue de un buen bigotazo por la polla. 




El roce contra el capullo es fantástico, aunque a veces es molesto y hasta duele, por culpa de algunos pelos tan tiesos, tan duros, que se clavan como agujas. ¿Y eso me persuade para prescindir de esta variante mamatoria?





Pues claro que no. La primera vez que la fina piel de tu capullo sufre el contacto con alguno de esos pelos adustos te provoca un respingo, pero poco a poco te vas a acostumbrando a ese sádico roce hasta que la molestia se convierte en cosquillas placenteras. Eso sí, luego no te quejes si el rabo se te queda al rojo vivo.