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martes, 30 de noviembre de 2010

Añorados sueños húmedos


Echo en falta la capacidad de mi cuerpo para dejarse llevar por sí mismo, involuntariamente, al placer. Así, durante la adolescencia, me bastaban algunos cuantos trucos para provocar la polución nocturna de una manera casi garantizada. Artimañas tan sencillas como retraerme el prepucio antes de dormir, dejarme la polla encerrada, bien apretadita, en la entretela de la bragueta de los calzoncillos o combinar ambas cosas quedándome dormido bocabajo, bastaban para obrar el milagro del goce involuntario.



También recuerdo que en las primeras noches de mi vida en las que dormí acompañado por un hombre, incluso después de haber follado hasta la saciedad, mi cuerpo decidía que quería correrse y me despertaba mojado entre los brazos de mi acompañante.



Pero ya ni me acuerdo de cuándo fue la última vez que tuve la suerte de despertar en medio de un orgasmo sobrevenido, ni de haber encontrado una mancha de lefa reseca y dulzona en mis calzoncillos.

¿Hay alguien que comparta experiencia y quiera solidarizarse conmigo?


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jueves, 25 de noviembre de 2010

Paja gore



Que una mano amiga te deje la polla destrozada entra dentro de cierta lógica, pero no tanto que uno mismo se despelleje el capullo a base de pajas. Pero es así, y a mí me pasa algunas veces.



Este cerdaco se ríe antes de llorar de escozor...




Hay una manera de masturbarme que me produce mucho placer y es cuando me froto el rabo sin sacármelo del calzoncillo. El roce de mi glande con el algodón me hace sentir un placer extra al que me entrego sin ser consciente (o sí) de las posibles consecuencias.



Al profe de inglés también le gusta hacérsela polvo



¡Y a mi Spunky!


Cuando juego con mi verga de este modo, noto cómo me arde el capullo, cómo me quema; sin embargo, es tanto el goce que experimento que no puedo parar, permitiendo que la piel de mi polla se deslice trabajosamente por la tela, que ya no es de algodón suave, sino que pareciera forrada de lija que abrasa y solaza al mismo tiempo.



Así es cómo el capullo se deja acariciar engañosamente por la tela asesina...



Y justo antes de correrme noto cómo mi glande crece, se hincha y explota de placer atrapado en su tortura textil.



Cómo está disfrutando el muy cabrón, cómo se la roza, cómo se la machaca dentro del calzoncillo...





Pero, claro, luego pasa lo que pasa: que, a veces, sangro.


El hombre tranquilo, indolente, que pronto verá levemente manchados sus pantalones de rojo pasión.

jueves, 18 de noviembre de 2010

Mi Spunky



Si me invento una mitología para entronizar a Spunky, también puedo inventarme que el sujeto que ilustra esta entrada se trata también de Spunky, ofreciéndome todas esas poses y actitudes que no puedo hallar en el auténtico y que me servirán para aderezar mis fantasías onanistas.




De modo que me fabrico a medida un Spaunky, MI Spunky, que está más fuerte, es más guapo y mucho más chulazo y quizá calce un paquete mayor que el que canta.





Así, por ejemplo, le coloco la barriga que le falta al otro; esa barriga grande, turgente, que me hace soñar con comérmela a bocados. Además el tío me complace posando para mí con uno de esos calzoncillos blancos de abuelo, sabiendo que son mis favoritos. No hay nada más que ver lo sexy que está con la prenda medio bajada...




Y con el capullazo marcado en el algodón blanco...







Y si le pido que sea un cerdo para mí, se me pone a olerse el sobaco, porque sabe que me excitan los tíos cerdos que hacen gala de sus cerdadas.





Hummmmmm, vaya culito, pequeñito, pero prieto, para follármelo con un poco de jabón, sólo un poco, en la ducha...



En fin, qué más puedo pedirle a MI Spunky.



martes, 25 de mayo de 2010

Evolución

Estoy arrodillado ante ti. Mis manos ascienden despaciosamente peinando los vellos de tus muslos. Frente a mis ojos, a tan sólo un palmo, crece el trozo de carne entre tus piernas. Ardo en deseos de introducir la lengua entre los pliegues de la tela. Sólo quiero acariciar, humedecer con la puntita ese capullo a medio despertar.

















jueves, 13 de mayo de 2010

Biberón campero

Serán el sol, las plantas, los colores vívidos de la naturaleza, pero cada vez que vamos al campo te pones muy cerdo. Al ir caminando por alguna de nuestras rutas privadas, llega un momento en que me coges de la mano y aligeras el paso; entonces ya sé lo que quieres: tu urgencia repentina te delata a y a mí se me empieza a poner muy dura.

Me encanta verte bajo el sol, observarte cómo te despojas de la ropa para mí. Siempre te pido que te desabroches los primeros botones del vaquero y que interrumpas por un instante el despelote; tus manos van recorriendo la cinturilla del pantalón y esa pose me resulta muy de macho, con ese torso desnudo, tan viril, lleno de pelos. Y es que te estás poniendo como un toro.

Luego continúas bajándote el vaquero para mostrarme tu paquete a punto de estallar dentro de los calzoncillos, blancos, por supuesto, como sabes que a mí me gustan. Hum... cómo me pone que uses calzoncillos blancos: hacen que se te semitransparente el capullazo. Hum... me acerco y te lo huelo. Huele a polla, a hombre, a orín de macho.

Te vuelves agresivo, dominante. Me restriegas el paquete por la cara y no tengo más remedio que pedirte que me des ese biberón de a litro; que quiero bebérmelo entero, llenarme la boca con toda su leche caliente y espesa.

Eres muy cabrón, y lo peor es que lo sabes.









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martes, 30 de marzo de 2010

La clara de huevo

Cómo sabes provocarme. Cómo sabes que se me hace la boca agua cuando veo la bragueta de tus calzoncillos con la mancha amarilla, con los restos de orín que ha dejado tu polla mal sacudida tras todas las meadas de un día entero. Por eso te exhibes ante mí con esos calzoncillos empercudidos, sucios, guarros, para que te los quite a bocados.


Y luego me pones el culo descaradamente. ¿Qué quieres?, ¿que te la meta con los calzoncillos puestos? Sabes que sería capaz, pedazo de cabrón.

martes, 2 de febrero de 2010

Asfíxiame


Tírame al suelo. Quiero que te sientes sobre mí y que me tapes la cara con ese paquetazo. No te bajes los calzoncillos, me gustará oler así tu sexo, sentir en mi cara cómo el precum traspasa el algodón hasta mojarme. Quiero que me asfixies con semejante rabo. Lléname la boca de carne caliente, pedazo de macho.

viernes, 27 de noviembre de 2009

Cerdo del hogar


Lo que más me gusta de ti es que hayas adoptado esa imagen de hombre tradicional para estar en casa, con los calzoncillos blancos a juego con la camiseta de tirantes. Me pone muy burro esa cara de cerdo hogareño a punto de ir a zamparte una cerveza y un paquete de patatas fritas.

Luego te quedarás sobado en el sofá, despatarrado y luciendo sobacos, y no me extrañaría que se te escapase algún pedo tremendamente sonoro. Qué cerdo eres, pero cómo me pones, cabrón.

viernes, 30 de octubre de 2009

Comprando calzoncillos

Cuando vayamos a comprar calzoncillos, es importante probárselos para que el dependiente nos dé el visto bueno. Debemos fiarnos de su criterio y dejar que nos revise todas las gomas de la prenda. Seremos pacientes cuando introduzca sus dedos en nuestras ingles para asegurarse de que el elástico no ajuste demasiado. También nos tirará de la huevera para comprobar si con la talla elegida rellenamos toda la bolsa. Y por último nos meterá la tela entre las nalgas para ver si vuelve a su posición original, porque ya sabéis lo incómodo que resulta que al sudar se le meta a uno la tela por la raja del culo.

miércoles, 27 de mayo de 2009

Calzoncillos blancos: Descartes

Aquí dejo algunas fotos que no han entrado en las entradas anteriores porque no encajaban con el tema tratado o simplemente no eran necesarias porque ya había otras que lo representaban. 










El amigo de arriba no ha salido en la serie de calzoncillos porque los suyos son grises; y es una pena, porque vaya pedazo de paquete que me gasta el calvo. Me encanta la bolsa que le hacen los huevos, así como esa polla que se adivinada lacia y ladeada hacia su lado izquierdo.

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La verdad es que esta última imagen se hubiera merecido una entrada para ella sola. ¿No os recuerda a vuestro padre, cuando en alguna siesta de verano habéis entrado en su dormitorio y lo habéis encontrado durmiendo plácidamente de esta manera?

lunes, 25 de mayo de 2009

Calzoncillos blancos (9/9): Sucios

Calzoncillos blancos manchados de amarillo. Calzoncillos blancos con olor a polla madura y a lefa reseca. Calzoncillos blancos, usados, para hundir en ellos la nariz y aspirar el olor a hombre auténtico de los de toda la vida.