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viernes, 8 de agosto de 2014

Puerta abierta



En el gimnasio me gusta ducharme con la puerta abierta, de espaldas, ofreciendo mi culo. Me excita pensar que al otro lado pueda haber algún tío pendiente de mí, mirándome. Mejor si es un madurito con barriguita turgente. 






Mejor aún si se le pone morcillona pensando que me folla.






Mucho mejor si se trata de un casado reprimido que jamás ha sobado un rabo.




A veces tengo la sensación de que alguno se hace el remolón secándose en el pasillo, cerca de mi cubículo, donde dejo que el agua caliente caiga sobre mí sobreexcitándome.






¿Y si no puede resistirse? ¿Y si aprovechando que no hay nadie decide entrar en mi cubículo y cerrar la puerta?