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sábado, 23 de agosto de 2014

jueves, 21 de agosto de 2014

¿Quién es?

Amigos, parece que este papi se está haciendo mundialmente famoso por la facilidad con la que su rabo tiende a ponerse duro y juguetón, pero ¿sabría alguien decirme de quién se trata? Necesito saber su nombre para conseguir más fotos suyas. Me pone cantidad este cerdaco.








martes, 13 de julio de 2010

Baño improvisado


Los machotes de hoy no tienen nada de especial, son dos tíos más o menos buenorros, como otros cualesquiera. Pero hay algo en ellos que los diferencia del resto: han decidido que quieren estar en la playa sí o sí, por tanto no les importa haberse dejado el bañador en casa; así que, sin ningún reparo, se quedan en calzoncillos. Y eso es lo que me pone tan burro.

Sé que la prenda es igual que un bañador, pero noto, advierto, soy capaz de distinguir perfectamente que no se trata de un bañador, sino de unos calzoncillos y, como pervertido que soy, no puedo quedarme impasible ante esta nimia diferencia.

Y los veo ahí, despatarrados, tirados sobre los chinos sin ni siquiera una triste toalla con la que asentar sus culos. Pero, sobre todo, los veo calentándose los huevos al sol, en calzoncillos, y me pongo malito, muy malito.


Qué sexys, qué morbosos. Mirad al moreno con esa cadena tan calorra cuyo dorado hace contraste con la pelambrera negra de su pecho. Ay, si ese pive si tuviera al menos diez añitos más...

Hum...


martes, 8 de junio de 2010

Hombres de barrio (2 de 2)

(A Bandidoso)


Ya sabéis que mis hombres preferidos son aquellos corrientes, anónimos, con quienes me cruzo cada día en mi vida cotidiana; ellos son los que realmente desencadenan mis fantasías onanistas.

Por ejemplo, no hay nada más sugerente para mí que estar sentado en la sala de espera del dentista y aparezca un pedazo de macho que se repanchingue justo en el sillón de enfrente. Para ser perfecta, la escena debería completarse cuando el maromo en cuestión decida coger alguna de las revistas de coches de la mesa que nos separa y se zambulla en su heterolectura; porque entonces ya puedo mirarlo sin reparos, recorrerlo de arriba abajo para solazarme con el bulto de su paquete, con su barriga de padre de familia y con sus manos de maestro, mecánico o carnicero.



Pero como soy un salido, también me gusta fijarme en los tíos que van conduciendo junto a mí.



Y en los de mantenimiento de las piscinas.



Y en los jubilados que tratan de rebajar su colesterol andurreando por los parques.




Y en los tíos que se bajan del coche en los atascos para estirar las piernas.


Y en los que en el super te ceden su turno en la cola de la caja para verte el culito. Uf...



Y en los viandantes que mueven su culo zandunguero.




Y cómo no iba a faltar un cerdaco que se rasque el paquete...




Hombres de barrio (1 de 2)
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jueves, 6 de mayo de 2010

Tíos meando (2 de 4). Os escucho mear

A veces, cuando espero mi turno en los servicios de cualquier lugar público, me gusta poner atención a los sonidos que me llegan desde el otro lado de la puerta: es una forma perversa de espiaros a placer sin que os deis cuenta.

Me llegan los carraspeos al aclararos la garganta, algún aire que se os escape y el subir de vuestras cremalleras cuando habéis terminado de mear. Incluso puedo saber si os habéis lavado las manos o, por el contrario, habéis dejado el olor a verga impregnado en vuestros dedos.

Luego abandonáis el cubículo para cederme mi turno; entonces vuestros ojos se cruzan un momento con los míos, sin que podáis sospechar que he puesto tamaño a vuestras pollas, sólo prestando atención al ordinario sonido de vuestro chorro al estrellarse contra el fondo del wáter.












pissing men

martes, 4 de mayo de 2010

Hombres de barrio 3













Hombres de barrio 1

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Tíos meando (1 de 4). Os veo mear.

Cómo me gusta veros mear. Aunque me deis la espalda y no os pueda ver la verga, me excita sobremanera el solo hecho de contemplaros dándome el culo, con las piernas levemente abiertas y las manos unidas, en ese momento de sujetaros vuestros cipotes en el acto de la micción.

Qué placer contemplar vuestras caras de alivio al vaciar la vejiga, y más si vienen acompañadas de un gran chorro amarillo y sonoro estrellándose contra el suelo.









sav


pissing men

Te he visto, chiquitín.


Enlace
La foto la he tomado de aquí.

Sí, te vi en el Bacchus, en Torremolinos, la noche del viernes 23 de abril. Llevabas una sudadera gris con capucha. Me pareciste tan chiquitín, tan gracioso... Lo que no sabía es que tuvieras esos pelines tan monos por todo tu cuerpo...

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jueves, 11 de febrero de 2010

Lo vi en los vestuarios



Nada más entrar por la puerta del vestuario lo encontré cambiándose de ropa, ofreciéndome todo su cuerpo desnudo y de perfil. Ambos nos intercambiamos los correspondientes saludos de cortesía, aunque a continuación no pude evitar que mis ojos se fijasen en su polla. Vi que la tenía circuncidada, sobresaliéndole bastante el capullo del prepucio; como a mí me gustan las pollas: que cuando estén flácidas se les vea bastante el capullón.

Me situé en el sitio que normalmente ocupo; él, mirando a la pared, me daba completamente la espalda, así que no podía advertir que lo espiaba viendo mi imagen reflejada en los espejos. Empecé a mojar los calzoncillos sólo de pensar que estábamos los dos solos y que podía contemplar su culo cuanto se me antojase.

Sabía que a este tipo no le interesaban los tíos, pero sí que le encantaba sentirse observado. Sólo había que fijarse en su manera tan parsimoniosa de cambiarse, así como sus constantes y gratuitos paseos desnudo a lo largo y ancho del vestuario. Incluso tenía costumbre de, tras ducharse, ponerse delante del espejo corrido, completamente en bolas, a secarse el paquete con los secadores dispuestos en los lavabos.

Empezó a ponerse los calcetines. Mientras me seguía dando la espalda, apoyaba una pierna en la banca y se inclinada hacia delante, de modo que podía verle los huevos colgando tras ese culo firme y carnoso. Primero alzó una pierna, luego la otra... y yo no podía apartar la mirada de aquellos cojones oscilantes. ¡Cómo me estaba poniendo! ¡Qué ganas de follármelo allí mismo, postrándolo contra la pared!

Luego se puso un pantalón de algodón y color verde, sin calzoncillos... Mientras subía aquella tela por sus piernas, no sé cómo no me abalancé hacia él para, yo que sé, por lo menos cogerle ese culo antes de perderlo de vista.