miércoles, 15 de febrero de 2012

El empleado del súper

A veces pienso que tu ingenuidad no tiene límites o que eres un tonto muy listo, si no, no me explico cómo no te has dado cuenta de que utilizo el pretexto más estúpido para hacer que me alcances los artículos de la balda más baja.

Pero ahí estás tú, siempre complaciente, sin saber o sabiéndolo que me vuelve loco mirarte el culo cundo te agachas. Unas veces me ofreces tu culo apretado dentro de ese pantalón cuya tela se te mete por la raja, mientras otras me enseñas directamente la hucha y es cuando tengo que controlarme para no abalanzarme hacia ti y comerte los cachetes a bocados.


jueves, 18 de febrero de 2010

Paranoia seminal

En tus períodos más largos de ausencia, trato de controlarme y de racionar las reservas de tu leche, pero a veces estoy tan caliente que no puedo resistirme a la llamada de la nevera; entonces me tumbo sobre la cama, sobre el sofá o sobre el suelo mismo y dejo que tu lefa congelada acaricie mi cuerpo desnudo.

Guío los gélidos cubos, lentamente, por mi entrepierna, por mi vientre, por mi pecho. Enseguida mi calentura hace que las piezas se fundan y me va llegando el olor dulce y suntuoso de tu leche de macho; y me lo restriego por los pezones, por la cara, por los labios y hasta chupo con fruición ese gel que has ido atesorando a golpe de mano para mí, sólo para mí.





jueves, 11 de febrero de 2010

Lo vi en los vestuarios



Nada más entrar por la puerta del vestuario lo encontré cambiándose de ropa, ofreciéndome todo su cuerpo desnudo y de perfil. Ambos nos intercambiamos los correspondientes saludos de cortesía, aunque a continuación no pude evitar que mis ojos se fijasen en su polla. Vi que la tenía circuncidada, sobresaliéndole bastante el capullo del prepucio; como a mí me gustan las pollas: que cuando estén flácidas se les vea bastante el capullón.

Me situé en el sitio que normalmente ocupo; él, mirando a la pared, me daba completamente la espalda, así que no podía advertir que lo espiaba viendo mi imagen reflejada en los espejos. Empecé a mojar los calzoncillos sólo de pensar que estábamos los dos solos y que podía contemplar su culo cuanto se me antojase.

Sabía que a este tipo no le interesaban los tíos, pero sí que le encantaba sentirse observado. Sólo había que fijarse en su manera tan parsimoniosa de cambiarse, así como sus constantes y gratuitos paseos desnudo a lo largo y ancho del vestuario. Incluso tenía costumbre de, tras ducharse, ponerse delante del espejo corrido, completamente en bolas, a secarse el paquete con los secadores dispuestos en los lavabos.

Empezó a ponerse los calcetines. Mientras me seguía dando la espalda, apoyaba una pierna en la banca y se inclinada hacia delante, de modo que podía verle los huevos colgando tras ese culo firme y carnoso. Primero alzó una pierna, luego la otra... y yo no podía apartar la mirada de aquellos cojones oscilantes. ¡Cómo me estaba poniendo! ¡Qué ganas de follármelo allí mismo, postrándolo contra la pared!

Luego se puso un pantalón de algodón y color verde, sin calzoncillos... Mientras subía aquella tela por sus piernas, no sé cómo no me abalancé hacia él para, yo que sé, por lo menos cogerle ese culo antes de perderlo de vista.

martes, 9 de febrero de 2010

Ganadero

Abrázame, restriégame el cuerpo con tus ropas impregnadas de tu olor a macho. Hoy no tendrás que follarte a ninguna vaca, ni que hacerte una paja utilizando los succionadores de ubres. Úsame, tírame al suelo y rómpeme el culo en cualquier rincón de tus apestosos almacenes.



jueves, 4 de febrero de 2010

Te voy a humedecer un poco ese culo

No pienso tocarte tan rápido. Quiero que te calientes como una perra sólo sabiendo que estoy tras de ti. Mueve ese culo, ponlo en pompa y en posición para que haga con él lo que me plazca.

Situaré mi boca encima de tu culo y dejaré caer un fino hilo de saliva, justo a la altura de tu coxis. La baba irá chorreando, deslizándose lentamente entre tus nalgas hasta llegar justo al ojete, que estará ardiendo y deseando que lo apaguen.

Uf... ¿te gusta, eh? Ya veo cómo no puedes evitar moverte, cómo haces que tu capullo se roce con la sábana y cómo tu culo peludo pide a gritos que me lo coma...










martes, 2 de febrero de 2010

Asfíxiame


Tírame al suelo. Quiero que te sientes sobre mí y que me tapes la cara con ese paquetazo. No te bajes los calzoncillos, me gustará oler así tu sexo, sentir en mi cara cómo el precum traspasa el algodón hasta mojarme. Quiero que me asfixies con semejante rabo. Lléname la boca de carne caliente, pedazo de macho.

viernes, 29 de enero de 2010

Mi lengua, tu slip



Comenzaré por tu cuello, estrellando mi aliento en tu piel casi sin rozarte. Bajaré hacia tu pecho propinándote pequeños mordiscos y me recrearé en los pezones. Me encantan cuando se te ponen duros y se resisten a los envites de mi lengua. Hundiré mi boca en tu ombligo, allí donde está salado y huele a ti.

Te bajaré un poquito la goma del slip y mi lengua empezará a humedecer poco a poco la zona. Mis dedos seguirán bajando la prenda lenta, parsimoniosamente, casi sin que te des cuenta, hasta que queden esos huecos a la altura de la ingle por los que empezar a explorar. Por un lado puedo acariciarte la ingle, haciendo pequeños círculos, de arriba a abajo y terminado en la base de los cojones; por el otro ya habrá llegado mi lengua, que también querrá humedecer la otra parte de tu entrepierna, con cuidado de no rozarte las pelotas, ni la polla.

Y la polla... espero que para entonces la tengas dura como un piedra y que te mueras de ganas de que te la coma. Pídemelo y te haré la mamada del siglo.

martes, 26 de enero de 2010

Buscando la granja


Sólo recuerdo que iba conduciendo y de repente la cabeza me empezó a dar vueltas; luego abrí los ojos y aquel hombre estaba allí, hablándome desde el exterior del coche. Llevaba la camisa abierta hasta el ombligo y no pude evitar clavar mi mirada en su pecho peludo, negro, recorrido en la vertical por una franja blanca que moría en el vientre. "¿Muchacho, estás bien?" Me decía aquel barbas de campo al otro lado de la ventanilla, mientras con una de sus manazas me zarandeaba la cabeza. Me sentía tan aturdido que ni siquiera podía responderle. Parecía tener conciencia sólo para aquel pecho que me llamaba, que me mantenía hipnotizado, que me resecaba la boca.

"Tengo sed", acerté a decir. Entonces el barbas empezó a reírse. "¿Sed?, ¿has dicho que tienes sed? Pero ¿de qué exactamente?" Su mano enorme penetró de nuevo a través de la ventanilla estrellándose en mi pecho. No le fue difícil bajar hacia la entrepierna, lubricada por el sudor de mi piel. "¿Qué es lo que tienes aquí, eh?", escuché que decía, al tiempo que me aferraba el sexo, el cual debía estar erecto desde hacía un buen rato. "Yo voy a apagar tu sed, niñato de mierda. No te preocupes."

Me sacó del coche como el que porta un saco de patatas y me estrelló, de espaldas, contra el capó. A los pocos segundos sentía ya el pantalón deslizándose hacia mis tobillos. Escuché que un escupitajo salía de aquella boca, tras mi nuca, y una cosa muy dura empezó a trastearme por el culo. "¿Es esto lo que quieres, cabrón? Va a apagar tu sed este pedazo de polla que te voy a meter por el culo. No te resistas y abre el ojete, niñato." Y bien que me entró aquella verga, del tirón, sin apenas avisar.

jueves, 21 de enero de 2010

Esa bata...

Qué sexy te encuentro con la bata, qué morbo me das cuando la llevas así, entreabierta, sabiendo que debajo no llevas absolutamente nada. Se me van los ojos tras ese pecho negro, insinuante, mostrado sólo un poco pero que basta para ponérmela dura.

Y además ese bigote... Cómo me ponen los machos con bigote. Qué placer ser recorrido por esos pelos recios que van raspando la piel justo por donde antes ha pasado una lengua que lo deja todo chorreando. Hum...


jueves, 14 de enero de 2010

Te crees muy macho


Eres un buen compañero de trabajo, pero cuando te pasas de cervezas te vuelves muy gilipollas, siempre haciendo chistes aludiendo que me gustan los tíos. Te crees muy macho viniendo a mi sitio, garrafa en mano, y repitiendo por enésima vez que si no necesito un poquito de lubricante. Lo que no sabes es que te tengo ganas y que, borracho como estás siempre, no me costaría ningún trabajo arrastrarte a la letrina. Allí íbamos a ver quién de los dos necesitaba lubricante, pedazo de hijo de puta. Pero no, mejor nada de lubricantes, porque me gusta meterla a pelo. Te iba a meter la tranca del tirón, hasta los huevos, para escucharte gritar como una perra. Y ahí sí que me iba a reír yo.