Mostrando entradas con la etiqueta pollas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta pollas. Mostrar todas las entradas

martes, 28 de diciembre de 2010

Relojes (1 de 2)

Otro de mis fetiches lo constituyen los relojes en las muñecas de los tíos, sobre todo cuando son grandes y enormes y van acompañados de una manaza peluda. 





Por eso, si el de la foto de abajo me dice que se la mame, no pondré reparos en hacerlo; porque no podré resistirme ante la imagen de esas manos velludas y venosas, con ese primer plano del reloj que se aferra a una de ellas.



De la siguiente imagen me llama la atención el poder erótico, la fuerza de este cuerpazo desnudo sólo adornado con esa fina cadenita al cuello y ese pedazo de reloj que, junto con el puro, realza la virilidad del modelo. Hay que tener un pedazo de manaza para vestir un peluco así de grande y que te quede bien.




Al siguiente lo pongo porque sé que es el tipo de machote que más os mola. Fijaos en la pulsera de metal aferrada a ese antebrazo. Parece que el tío la mostrara para atraer nuestra atención. Farda de guapo y farda de relojazo.


 

Los relojes que más me satisface contemplar en la muñeca de un hombre son los de correa metálica, sin embargo hay otros menos llamativos que casi los igualan en morbo, y son los cutres de la marca casio. Un madurito buenorro que luzca un complemento tan feo y tan cateto es un tipo anclado en una imagen antigua y rancia a la par que sencilla, aspectos todos ellos que me atraen sobremanera.
save


martes, 14 de diciembre de 2010

Empacho de pollas (1 de 2)

Otra fantasía que me queda por cumplir es la de un auténtico empacho de pollas. Quiero una fila de rabos frente a mí, una ristra de vergas en estado de reposo para ir metiéndomelas una tras una en la boca.

Pero no me refiero a esto:




Porque necesito tener acceso a los cuerpos para que mientras mame pueda aferrarme a las caderas, a los culos, a los huevos colganderos.




No deseo ver los rostros, pues no quiero nada que enturbie la atracción que sienta hacia la polla que voy a comerme. Si el tío en cuestión es feo, me dará igual porque lo importante será su miembro dispuesto para mi disfrute.




Las quiero flácidas para ir endureciéndolas con las caricias de mis labios.




Las quiero gordas para tener la sensación de que no van a caberme en la boca.





Las quiero de macho maduro.





Las quiero circuncidadas.






Las quiero sin circuncidar.











Quiero emborracharme de pollas hasta que me rebose la leche por las orejas.






save