
Seguramente, al pedalear se podrá ver cómo su paquete se contorsiona sobre el sillín, cómo los huevos sudados, blanditos, se estrellan contra el plástico negro. Seguramente le chorreará sudor por los muslos, un sudor caliente que olerá a macho. Seguramente dejará un momento la bici en el paseo, para bajar a la arena y darse una ducha refrescante. Seguramente no podrá resistir meterse la mano por dentro del bañador y enjuagarse los cojones para que no se le escuezan. Seguramente algún adolescente de hormonas enloquecidas lo estará espiando en ese momento y querrá adentrarse en el mar para hacerse una paja.