lunes, 4 de mayo de 2009

Calzoncillos blancos (2/9): Paquete colgandero

Así es cómo me gusta que un hombre lleve los calzoncillos, como los luce este barbas: marcando pero sin apretar, con esa polla grande, colgandera, que se insinúa ladeada hacia su izquierda y que, estoy seguro, se vería moverse al ritmo de sus movimientos.
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Este tipo del bigotazo me recuerda a un famoso presentador de televisión que se dedicaba a buscar a gente desaparecida. Siempre pensé que el morbo que habitaba aquel plató no se sustentaba solamente en las historias truculentas que allí se servían en bandeja; sino que bastante culpa tenía el del bigote, a quien ya me hubiera gustado a mí tenerlo así de cerca, con esos sobacos, con esas tetas y ese paquete envuelto en su papel blanco de regalo.
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A este fuertote dan ganas de pellizcarle los pequeños y gráciles michelines que le rebosan por encima de los calzoncillos. Pero lo que más atrae mi atención es ese pedazo de capullo redondeado que se advierte a la izquierda de su paquete.
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A casi todos los tíos que van de chulos suelo verles un puntito de pluma, como este amigo de mano distraída y cadera un tanto dislocada. No obstante, como fetichista que soy, he de reconocer que me encanta esa leve cadenita que adorna su cuello, así como ese bigotillo de corte perfecto y, por supuesto, ese paquete que pone colofón a su cuerpo fibrado.
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Pareciera que este calvito, con ayuda de su mano y de la magia del calzoncillo blanco, tuviese una polla desproporcionada; pero habría que ver si sonreiría del mismo modo a calzoncillo quitado. De todas formas, vaya pedazo de paquete.
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Este muchachote tiene bastantes cosas que me gustan, empezando por el mostacho, pasando por su barriguita peluda y terminando por esa huevera que alberga entre las piernas.
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Este señor no es que me guste especialmente, sin embargo hay que reconocer el bulto tan tremendo que luce, efecto que queda acrecentado ante el contraste producido entre el rojo de la camisa y el blanco de los calzoncillos.
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No me gustan los hombres sin vello corporal, pero éste de las canas está aquí por el polláncano que le marca el calzoncillo. Porque más que una polla larga, prefiero una polla ancha (como podría ser este caso), con un buen capullo que meterse en la boca. Por otra parte, de esta foto me gustaría destacar que este señor, aparte de una buena tranca, parece contar con unos buenos cojones, a tenor del bulto que le cuelga y que parece desparramarse sobre el asiento.

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Menuda cosa le cuelga a este Jinete sin Cabeza. ¡Qué guevazos debe de haber ahí dentro! ¿Pero podrá andar con semejante bulto entre las piernas?

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Vaya pedazo de capullo tenemos delante. Vaya pedazo de fresón para metérselo en la boca y saborearlo, recorrer todo su contorno con la lengua y meter la puntita por la rajita desde la que sale el orín.
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viernes, 1 de mayo de 2009

Calzoncillos blancos (1/9): Introducción


Cuando me gusta un hombre siempre deseo verlo en calzoncillos. La imagen de un macho en ropa interior me evoca virilidad, mucho más que cuando su sexo aparece totalmente desnudo. A veces los calzoncillos hacen que el paquete luzca constreñido, apretado y, en definitiva, más pequeño; otras lo realzan; y otras la delgada tela, que lo hace opaco a la mirada, acentúa el morbo y las ganas imperiosas de liberarlo de su cárcel de algodón para contemplarlo, olerlo y sobarlo en libertad.

Me vuelve loco ver a un hombre en calzoncillos, y aún más si estos son blancos, de algodón, como los de toda la vida. El color blanco es mi preferido porque, en mi opinión, es el que mejor define y potencia las formas: como las pollas circuncidadas, cuyos capullos se aprecian perfectamente, si la tela aprieta un poco; o los huevos, sobre todo si están colganderos, que quedan recogidos en la bolsa de algodón y en ocasiones aparentan ser mucho más grandes que su tamaño real.



Así, una imagen cuya observación me produce placer extremo es la del hombre agachado hacia delante, de modo que desde atrás se le pueda ver la bolsa de los cojones reposando en los calzoncillos ya gastados y holgueros.

A diferencia de los slips, los calzoncillos cuentan con la bragueta que, si bien ya casi nadie utiliza para mear, propicia el morbo cuando la polla se escapa por ahí en las erecciones nocturnas.



Los calzoncillos deben sujetar, pero no apretar mucho, ya que de lo contrario deslucirían el espectáculo de la erección o se transparentarían demasiado cuando estén mojados; y, en este último caso, lo que interesa es que la humedad aporte una última vuelta de tuerca a la insinuación. Como suele decirse, lo importante no es enseñar, sino mostrar a medias.

Y no voy a extenderme más, pues de todas estas cosas y algunas otras hablaré en las siguientes entradas.

jueves, 23 de abril de 2009

Pensando en el verano

Ya tengo ganas de que llegue el verano para hartarme de ver tíos en bañador, hombres cuyas vergas permanecen constreñidas en esos minúsculos pantaloncillos que lo marcan todo.

Y luego el calor, haciendo sudar la piel, que se vuelve brillante y salada al tacto con la lengua. Me gusta recorrer con mis labios los torsos desnudos, despacito, suavemente: primero por el pecho, dejando que el vello ralo me haga cosquillas en la nariz; luego hacia abajo, más abajo, despacio, donde la mata de pelo se esconde bajo la tela.

Y cómo me gusta sobar los huevos sudados, mojados, que se escurren entre mis dedos...





lunes, 20 de abril de 2009

No nos podemos fiar de los ex seminaristas


Cuando era sólo un adolescente confundido decidió internarse en un seminario. Aquella era la manera perfecta, pensó entonces, de poner freno a sus extraños deseos, a todos aquellos pensamientos que le venían atormentando desde hacía tiempo; por eso, una vez que su cabeza quedó atemperada y descubrió que la religión no podría nunca apaciguar su alma, abandonó la vida religiosa antes de ordenarse sacerdote, aunque con un pie dentro del mundo de la enseñanza, en colegios de clase alta y alumnado estrictamente masculino.

En los veranos trabajaba como monitor en los campamentos de los catequistas. Como era un tipo alegre no le costaba trabajo conectar con los chicos, a quienes entretenía tocando la guitarra. Sentados a su alrededor, sobre el césped y vestidos únicamente con el bañador, los chavales le iban pidiendo que se inventara canciones con las temáticas más dispares; y él iba atendiendo sus peticiones mientras no podía apartar la mirada de sus jóvenes paquetes. Y ya fuera porque muy de cuando en cuando se escapaba de aquella minúscula vestimenta, ora parte de un escroto, ora un huevo entero, y a veces hasta la tímida cabeza de una polla, o simplemente porque los púberes iban caldeando el ambiente solicitando temas cada vez más picantes, a aquel hombre se le agolpaba la sangre en la entrepierna.

Pero sólo podía aliviarse en las letrinas, a puerta cerrada, imaginando que alguno de aquellos adolescentes, carentes ya de toda inocencia, atendía cualesquiera de sus peticiones sexuales. Y le encantaba dejar su lefa en el suelo, o estampada en los azulejos o en la maltratada puerta, imaginando que aquel legado blanco y espeso incitaría a continuar la labor masturbatoria de algún catequista que, quién podría saberlo, quizá se encerrara allí para machacársela pensando en él.

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P.D.: por cierto, ¿os dan morbo los calzoncillos blancos? Pues pronto comenzaré una serie en la que habrá tiempo para hablar largo rato sobre ellos.

jueves, 16 de abril de 2009

Pelirrojo

Cómo me gusta este pelirrojo; y eso que a mí, por lo general, no me atraen nada los hombres de pelo claro, y mucho menos si tienen poco vello corporal. Pero con este machote es diferente. Me fascina su rostro varonil, su corpulencia y su cara de buena gente. Me encantaría ser estrujado por esos dedos morcillones y quedar aplastado por su enorme cuerpo mientras me destroza a bocados.






lunes, 13 de abril de 2009

martes, 7 de abril de 2009

Lluis Homar, ese chico Almodóvar


Si no me equivoco, éste es el segundo Chico Almodóvar que aparece por estos lares, y es que un día tendría que hacer un post especial dedicado a las coincidencias, en lo que a gusto hacia los hombres se refiere, que existen entre Pedro Almodóvar y yo.


Lluis Homar era totalmente desconocido para mí hasta que lo descubrí en la Mala Educación, en la que interpreta a un personaje que materializa una de mis fantasías sexuales no cumplidas y que no es otra que la de ser molestado, acosado y perseguido por un hombre maduro con malísimas intenciones. Para mis quimeras onanistas queda el revolcón en el sofá que se pega con Gael García Bernal en la película anteriormente mencionada.

Lluis Homar es de esos tipos que me gusta o no dependiendo del ángulo en que lo mire, pero lo que no me puedo negar a mí mismo es que produce en mí un morbo como pocos hombres son capaces.


Vaya cara de loco violador me ha sacado en esta foto, hum...
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sábado, 4 de abril de 2009

Pecho níveo

Una de las cosas en las que antes no reparaba y que últimamente me excita sobremanera es la pelambrera blanca en el pecho de los hombres. Disfruto admirando las matas de vello blanco que parten en dos el tórax de los maduritos más morbosos.

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Vaya polvazo que tiene este amigo, con esa perilla tan bien recortada y a juego con la pelambrera de entre las tetas. Dan ganas de follarlo ahí mismo, semiocultos tras la celosía de hormigón.
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A éste se ve que le hace falta una bueno succión, juzgando el modo en que se agarra la polla, aparte de esos labios que parecen estar diciendo "Chúpamela. A ver si eres capaz de tragártela entera".
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El amigo de las gafas no podrá quejarse de lo bien atendido que lo tienen...
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Vaya mirada y vaya tetas...
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Al del sombrero no deberíamos perdonarle que se haya rebajado la pelambrera del pecho. Vaya atentado contra la virilidad. Eso sí, daría lo que fuera por tirarle de las anillas con los dientes.
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No sabemos qué le están haciendo al chavalote de la cama, pero atendiendo a la expresión de su rostro, a esa mezcla entre dolor y placer, pareciera que no lo estaba pasando demasiado mal. ¡Como me pone!...
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Y para terminar, otro atentado, otra muestra de mal gusto: ¿cómo se puede estropear ese pedazo de cuerpo con un bañador tan horroroso? Como te descuides te voy a arrancar la tela a mordiscos. Que lo sepas.
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