Pero también me gusta que me den de mamar.
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Soñé que la Tierra era invadida por millones de hombres fuertes, de pelo en pecho, que querían molestarme.
jueves, 2 de diciembre de 2010
miércoles, 1 de diciembre de 2010
A Lobo, un lector paracaidista
Un lector paracaidista es aquel que, de repente, un día, aterriza en el blog, lee lo primero que cae ante sus ojos y saca una conclusión equivocada.
En este blog, tanto los lectores que me honran con sus comentarios como yo mismo, nos dedicamos a ensalzar unos caracteres secundarios masculinos que son los que más nos gustan.
Ni este blog ni la persona que lo escribe son homófobos; por tanto, del mismo modo que no consiento que se me llame racista por el simple hecho de que no me guste un hombre negro para mantener una relación sexual con él, tampoco voy a consentir que se me llame homófobo si no me atrae un hombre amanerado para la misma actividad.
Lobo, si fueses lector habitual de esta bitácora, habrías leído cosas como las que se dicen aquí, y comprenderías que en mi casa no se rechaza a ningún homosexual, sino todo lo contrario: soy el primero que aboga por la unidad de todos los homosexuales, independientemente de cómo sean. Ninguno me molesta, ninguno me estorba en la vida. Sin embargo, una cosa es la aceptación de todas las personas independientemente de su actitud y modos y otra muy diferente es que todos deban gustarme para el sexo.
Este blog, en su fantasía, en su mundo no real, habla frívola y despreocupadamente sobre sexo entre hombres. Constantemente se ensalzan los valores masculinos y, como en todo engrandecimiento gratuito, por comparativa, hay otros hombres que resultan menos valorados, como el barbas que te ha hecho dejar tu bien recibido comentario. Sin embargo, si ha parecido que rechazo a los hombres amanerados, pido disculpas, pues ni ha sido mi intención, ni entra dentro de mi filosofía alejar de mí a alguien simplemente por que no cumpla unos requisitos, personales, subjetivos, para pasar un rato de sexo juntos.
Aprovecho para aclarar que este blog no habla de osos, ni va de dedicado a los osos. Este blog trata sobre hombres maduros y hombres rudos, viriles y masculinos; que da la casualidad de que son los que les gustan a los osos. Tampoco el que escribe se considera un oso, ni comulgo con la facción más extrema del mundo bear, la cual rechaza a otros homosexuales al considerarlos una amenaza, que dan mala imagen o que no pueden representar a la comunidad homosexual porque tienen pluma, son amanerados o les gusta vestirse de mujer. Si he de rechazar algo, rechazo ese modo de pensar.
Sin embargo, aunque opine así, me siento libre para decidir que no me gusta un hombre amanerado para llevármelo a la cama, ya que, repito, una cosa es que lo acepte tal y como es y otra muy diferente es que, debido a ello, tenga que hacer de tripas corazón y dejarme acariciar lascivamente por unas manos que no me levantan la libido en absoluto. No me considero homófobo por ello, pues. De todas formas, si alguien considera que yerro en mi modo de pensar, agradecería que lo argumentara, porque no me importa abrir el debate y que haya opiniones diferentes a las mías.
Si a ti, Lobo, te atraen sexualmente los hombres no rudos, amanerados y que se cuidan en exceso, me parece estupendo; pero has ido a visitar el sitio equivocado. Huelga decir que agradezco tu comentario, pues siempre me agrada que, desde la educación, se viertan opiniones sobre aquello que escribo.
Salud.
martes, 30 de noviembre de 2010
Añorados sueños húmedos
Echo en falta la capacidad de mi cuerpo para dejarse llevar por sí mismo, involuntariamente, al placer. Así, durante la adolescencia, me bastaban algunos cuantos trucos para provocar la polución nocturna de una manera casi garantizada. Artimañas tan sencillas como retraerme el prepucio antes de dormir, dejarme la polla encerrada, bien apretadita, en la entretela de la bragueta de los calzoncillos o combinar ambas cosas quedándome dormido bocabajo, bastaban para obrar el milagro del goce involuntario.
También recuerdo que en las primeras noches de mi vida en las que dormí acompañado por un hombre, incluso después de haber follado hasta la saciedad, mi cuerpo decidía que quería correrse y me despertaba mojado entre los brazos de mi acompañante.
Pero ya ni me acuerdo de cuándo fue la última vez que tuve la suerte de despertar en medio de un orgasmo sobrevenido, ni de haber encontrado una mancha de lefa reseca y dulzona en mis calzoncillos.
¿Hay alguien que comparta experiencia y quiera solidarizarse conmigo?
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sábado, 27 de noviembre de 2010
Las apariencias engañan
Tienes una foto desde hace mucho tiempo y no la subes porque el tipo te parece tan tremendamente guapo, atractivo y machote, que temes estropear la oportunidad de mostrar esa imagen con un texto que no esté a la altura de tan atrayente belleza.
Vaya con el bruji piruji...
Pero un día estás viendo la tele y te llevas la sorpresa de que aparece el protagonista de esa imagen atesorada, protegida, mimada. Sólo que nada es lo que te habías imaginado. De repente, la foto se aja delante de ti, ya no vale nada; porque su protagonista ni es tan guapo, ni tan atractivo, ni mucho menos tan machote... ¡Qué decepción!
Editado para contar que:
Ya no hay ninguna duda... Lo que es es... Y en este caso... ¡es fatal!
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jueves, 25 de noviembre de 2010
Paja gore
Que una mano amiga te deje la polla destrozada entra dentro de cierta lógica, pero no tanto que uno mismo se despelleje el capullo a base de pajas. Pero es así, y a mí me pasa algunas veces.
Este cerdaco se ríe antes de llorar de escozor...
Hay una manera de masturbarme que me produce mucho placer y es cuando me froto el rabo sin sacármelo del calzoncillo. El roce de mi glande con el algodón me hace sentir un placer extra al que me entrego sin ser consciente (o sí) de las posibles consecuencias.
Al profe de inglés también le gusta hacérsela polvo
¡Y a mi Spunky!
Cuando juego con mi verga de este modo, noto cómo me arde el capullo, cómo me quema; sin embargo, es tanto el goce que experimento que no puedo parar, permitiendo que la piel de mi polla se deslice trabajosamente por la tela, que ya no es de algodón suave, sino que pareciera forrada de lija que abrasa y solaza al mismo tiempo.
Así es cómo el capullo se deja acariciar engañosamente por la tela asesina...
Y justo antes de correrme noto cómo mi glande crece, se hincha y explota de placer atrapado en su tortura textil.
Cómo está disfrutando el muy cabrón, cómo se la roza, cómo se la machaca dentro del calzoncillo...
Pero, claro, luego pasa lo que pasa: que, a veces, sangro.
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martes, 23 de noviembre de 2010
El hombre antiguo
A veces pienso que si tuviera que elegir un perfil de hombre para hacer realidad mis fantasías más perversas, creo que me quedaría con aquellos que me recuerdan a los de otra época. No me refiero a tipos de otros siglos necesariamente, sino a los que mantienen una imagen un poco trasnochada, retro, más propia de décadas anteriores: son hombres sencillos, poco preocupados por su imagen; pueden estar en forma y ser delgados, pero no tienen porqué estar fuertes; son machos auténticos, sin aditivos, sin cuidados que resten ni un ápice de su virilidad; y, por supuesto, tienen vello, mucho vello corporal, fruto de un exceso de hormonas masculinas que hasta les hace estar calvos.
Como ya he dicho alguna vez, me seduce tremendamente ese tipo de hombre que sale a la calle con el único arreglo de haberse duchado, afeitado y vestido con una ropa corriente. El hombre sencillamente atildado es mi hombre preferido. Y si alguien está pensando que estoy definiendo lo que se suele llamar un tío cateto, pues sí: a ese tipo de hombre me estoy refiriendo exactamente.
William Holden, es decir, Maligno, cumple perfectamente con ese aire de hombre antiguo que me hace babear. Mirad qué pecho, mirad qué hoyuelo en la barbilla. Como diría mi abuela: mirad qué limpio y qué bien peinado; que dan ganas de comérselo a besos.
Otro ejemplo de cateto buenorro a pesar de barrilete, sería el ex president.
Y no hablemos de su sustituto, quien como antiguo, feo y hortera y como una de mis últimas y más extrañas obsesiones, se merece una entrada personalizada, y la tendrá.
Volviendo al gremio de los actores, un tipo que de pequeño me volvía loco era el padre de los hermanos Walsh. Mirad ese torso de papi que no hace ejercicio pero que juega el fútbol los domingos con sus amigotes. Mirad esos pantalones subidos hasta casi la sobaquera como un hombre antiguo de verdad:
Mirad qué manera más absurdamente recatada de ocultar el ombligo, cuando es precisamente esa retroactitud la que hace palpitar mi sexo, deseando robarle a ese macho casero todo esa perversión aún sin explotar.
Pero mi cateto favorito, el hombre antiguo cuyo platónico deseo me hace expulsar más precum sobre cualquier otro desde año años, es este discreto habitante de las páginas de las revistas rosa:
Con ese pelo ralo que se empeña en mantener en lugar de aligerar, aunque es precisamente ese error estético uno de los que me resulta más morboso de su imagen:
Pero, después de todo, mirad qué apuesto y elegante, a pesar de llevar innecesariamente diez años más encima:
También podemos contemplar a este macho en la playa, a pecho descubierto. Me encanta la manera en que la línea de su barba medio cana se enlaza con el cabello ralo. Observo, otra vez, un torso poco atlético. ¿Es un efecto óptico o hay una leve pelusilla sobre sus hombros?
No es menos turbadora su presencia inmortalizada sobre la cubierta de este yate. Sin tener un cuerpo cultivado, me recuerda a una estatua grecorromana, con esos cabellos ondulados de centurión y el agua escurriéndose por su piel, que empapa su bañador y lo ciñe a su paquete.
Y desde la Edad Antigua regresamos a la actualidad y de repente el centurión se ha convertido en un buenorro papi de familia, cargando con las hamacas, la sombrilla y la cesta de los bocadillos (de caviar).
Pero es precisamente esta foto tan poco favorecedora la que más me ilumina. Mirad qué hechuras de hombre normal y corriente, con esa pelusilla de vello por encima del culo. Hum... qué ganas de bajarle el bañador y practicarle ahí mismo un pedazo rimming que no pueda olvidar jamás.
Y para terminar, un detalle más para que comprendías por qué los hombres con pinta de antiguos son capaces de captar mi atención sobre todos los demás.
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sábado, 20 de noviembre de 2010
Ordeñadora
Dedicado a aquel que me dijo un día que jamás había escuchado en su pueblo lo del uso de la ordeñadora de leche de macho humano. Pues para muestra un botón, machote, y además en una variante portátil para utilizarla cómodamente en casa, ¡ja!
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jueves, 18 de noviembre de 2010
Mi Spunky
Si me invento una mitología para entronizar a Spunky, también puedo inventarme que el sujeto que ilustra esta entrada se trata también de Spunky, ofreciéndome todas esas poses y actitudes que no puedo hallar en el auténtico y que me servirán para aderezar mis fantasías onanistas.
De modo que me fabrico a medida un Spaunky, MI Spunky, que está más fuerte, es más guapo y mucho más chulazo y quizá calce un paquete mayor que el que canta.
Así, por ejemplo, le coloco la barriga que le falta al otro; esa barriga grande, turgente, que me hace soñar con comérmela a bocados. Además el tío me complace posando para mí con uno de esos calzoncillos blancos de abuelo, sabiendo que son mis favoritos. No hay nada más que ver lo sexy que está con la prenda medio bajada...
Y con el capullazo marcado en el algodón blanco...
Y si le pido que sea un cerdo para mí, se me pone a olerse el sobaco, porque sabe que me excitan los tíos cerdos que hacen gala de sus cerdadas.
Hummmmmm, vaya culito, pequeñito, pero prieto, para follármelo con un poco de jabón, sólo un poco, en la ducha...
En fin, qué más puedo pedirle a MI Spunky.
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